Discurso del Secretario General a los Estados miembros sobre las prioridades para 2021

2021 debe ser el año en que cambiemos de velocidad y pongamos el mundo en la senda correcta. Nuestra primera prioridad para 2021 es responder a la COVID-19.

Presidente de la Asamblea General,

Excelencias,

Señoras y señores,

2020 fue un annus horribilis global, un año de muerte, desastres y desesperación.

La pandemia de COVID-19 desató el caos en todos los países y todas las economías. 

Perdimos 2 millones de vidas, incluidas las de miembros queridos de nuestra familia de las Naciones Unidas. 

Las pérdidas humanas siguen multiplicándose.

Los costos económicos no dejan de aumentar.

500 millones de empleos han desaparecido.

La pobreza extrema vuelve a niveles no vistos en una generación.

Las desigualdades se agrandan.

El hambre aumenta de nuevo.

Y las fragilidades mundiales se mantienen a la vista de todos.

Hemos declarado la guerra a la naturaleza, y la naturaleza está contraatacando.

La crisis climática está en su apogeo.

El año pasado los desastres naturales causaron daños por valor de 210.000 millones de dólares y tuvieron un coste humano incalculable.

La biodiversidad se está destruyendo.

Mientras tanto, las tensiones geopolíticas están socavando nuestros esfuerzos colectivos por la paz.

Las necesidades humanitarias se están multiplicando.

El desplazamiento forzado alcanzó niveles récord el año pasado.

El riesgo de proliferación nuclear y química aumenta.

Los derechos humanos experimentan una regresión violenta.

El discurso de odio está en auge.

Los comportamientos anárquicos en el ciberespacio han creado un nuevo terreno apto para propagar el delito, la violencia, la información errónea y el desorden.

Y la COVID-19 ha tenido efectos especialmente perniciosos para las mujeres y niñas del mundo.Excelencias,

2020 nos trajo tragedias y peligros.

2021 debe ser el año en que cambiemos de velocidad y pongamos el mundo en la senda correcta.

Necesitamos pasar de la muerte a la salud; del desastre a la reconstrucción; de la desesperación a la esperanza; de las soluciones trilladas a la transformación.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son más importantes que nunca.

Ha llegado el momento de asegurar el bienestar de las personas, las economías, las sociedades y nuestro planeta.

Es posible. Por tanto, debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra primera prioridad para 2021 es responder a la COVID-19.

Las vacunas son la primera gran prueba moral que tenemos por delante.

Deben ser percibidas como bienes públicos mundiales —patrimonio de la gente— disponibles y asequibles para toda la población.

El mecanismo COVAX necesita urgentemente más recursos que le permitan adquirir y suministrar dosis de vacunas para los países de ingreso bajo y mediano, y seguir realizando actividades vitales de investigación y desarrollo.

Doy las gracias a los países y organizaciones que apoyan el mecanismo COVAX, y a la Organización Mundial de la Salud por su liderazgo.

Celebro el nuevo compromiso de los principales países desarrollados.

Pero el mundo no está haciendo lo suficiente.

Las vacunas están llegando rápidamente a unos pocos países, mientras que los países más pobres carecen por completo de ellas.

Se trata de un éxito de la ciencia pero de un fracaso de la solidaridad.

Los Gobiernos tienen la responsabilidad de proteger a sus poblaciones, pero no se puede derrotar a la COVID-19 si cada país actúa por su cuenta.

Si se permite que se extienda como un reguero de pólvora en el Sur Global, el virus tenderá inevitablemente a mutar y a pasar a ser más contagioso, más mortal y, en última instancia, más resistente a las vacunas, listo para ir de vuelta a atacar al Norte Global.

Además, en estudios recientes se ha revelado que el acaparamiento de vacunas podría costar a la economía mundial hasta 9,2 billones de dólares, un impacto del que casi la mitad repercutiría en los países más ricos.

Esa cifra representa 340 veces más que el déficit de financiación de 27.000 millones de dólares que afecta al Acelerador ACT.

Solo hay un vencedor en un mundo en el que unos tienen vacunas y otros no: el propio virus.

Hoy hago un llamamiento para que se tomen seis medidas concretas:

Dar prioridad a los trabajadores de la salud y a los que corren más riesgo. 

Proteger los sistemas de salud para evitar su colapso en los países más pobres.

Asegurar un suministro suficiente y una distribución justa, entre otras cosas haciendo que los fabricantes prioricen el suministro al mecanismo COVAX.

Entregar el excedente de dosis al mecanismo COVAX.

Ampliar la disponibilidad de licencias para intensificar la fabricación.

Fomentar la confianza en la vacuna.

Nuestra iniciativa “Verified” está luchando contra la “infodemia”.

Pero en una pandemia no hay panacea.

Debemos seguir tomando las medidas que la ciencia ha demostrado que reducen la transmisión.

Utilicemos mascarilla. Mantengamos el distanciamiento físico. Lavémonos las manos.

Derrotar a la COVID-19 es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

En segundo lugar, el mundo no podrá curarse del virus si las economías permanecen en cuidados intensivos. Es el momento de iniciar una recuperación inclusiva y sostenible.

Necesitamos invertir masivamente en los sistemas de salud en todas partes.

En cuestiones como la cobertura sanitaria universal.

La atención de la salud mental.

La protección social.

El trabajo decente.

Y niños y niñas deben volver a la escuela en condiciones de seguridad.

Los países en desarrollo se han visto despojados de las remesas, las rentas del turismo y los ingresos derivados de los productos básicos.

Los países más ricos están aplicando planes de recuperación y estímulo valorados en billones de dólares.

Sin embargo, los países más pobres apenas han podido gastar alrededor del 2 % de su producto interno bruto.

La recuperación debe ser inclusiva.

Ningún país debe verse obligado a elegir entre la prestación de servicios básicos y el servicio de su deuda.

Los eventos de alto nivel que convoqué el año pasado junto con los Primeros Ministros del Canadá y Jamaica pusieron de relieve la urgente necesidad de dar un salto cualitativo en el apoyo financiero.

Eso incluye:

Una expansión de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G20.

El alivio de la deuda para todos los países en desarrollo y de ingreso mediano que lo necesiten.

El aumento de los recursos para las instituciones financieras multilaterales y una nueva asignación de derechos especiales de giro en beneficio de los países en desarrollo.

Una reasignación voluntaria de derechos especiales de giro no utilizados.

La liquidez es crucial para prevenir impagos de la deuda.

La recuperación también debe ser sostenible, incorporando el uso de la energía renovable y una infraestructura verde y resiliente.

De lo contrario, quedaremos atrapados en prácticas nocivas durante décadas.

La Agenda 2030 indica el camino.

Una recuperación sostenible e inclusiva es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra tercera prioridad debe ser, por lo tanto, hacer las paces con la naturaleza.

2021 es un año crítico para el clima y la biodiversidad.

El mes pasado, pedí a todos los Estados Miembros que declararan una emergencia climática en sus países.

Hoy, hago un llamamiento a la comunidad internacional para que alcance cinco hitos clave antes de la Conferencia de la Partes COP26 en noviembre.

En primer lugar, sigamos ampliando la coalición mundial para conseguir la neutralidad en carbono de aquí a 2050.

La coalición representa actualmente el 70 % de la economía mundial y el 65 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono.

Asegurémonos de que este año abarque al menos el 90 % de las emisiones.

Los países del G20 y los principales emisores deben liderar el camino.

Hago un llamamiento a todas las ciudades, empresas e instituciones financieras para que adopten hojas de ruta concretas con claros hitos intermedios que permitan conseguir la neutralidad en carbono en 2050.

Sectores clave como la navegación, la aviación, la industria y la agricultura deben hacer lo mismo.

En segundo lugar, los Gobiernos deben presentar contribuciones determinadas a nivel nacional para reducir las emisiones mundiales en un 45 % de aquí a 2030 en comparación con los niveles de 2010.

En tercer lugar, debemos lograr un gran avance en la adaptación.

La adaptación no puede ser el componente olvidado de la acción climática.

Los donantes y los bancos multilaterales de desarrollo deberían aumentar la proporción de la financiación para la adaptación del 20 % hasta un mínimo del 50 % para 2024.

En cuarto lugar, debemos respetar todos los compromisos financieros.

Los países desarrollados deben cumplir su compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para la acción climática en los países en desarrollo.

Esto debería incluir la plena capitalización del Fondo Verde para el Clima.

Todos los bancos de desarrollo deberían armonizar sus carteras con el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2024, y ayudar a movilizar la financiación y la inversión privadas mediante el establecimiento de garantías y alianzas.

Esto permitiría canalizar miles de millones de dólares en flujos financieros.

La iniciativa de las Naciones Unidas Net-Zero Asset Owner Alliance y la Alianza Mundial de Inversionistas para el Desarrollo Sostenible son determinantes para ese objetivo.

En quinto lugar, debemos adoptar políticas de transformación.

Ya es hora:

De poner un precio al carbono.

De dejar de construir nuevas centrales eléctricas de carbón.

De eliminar gradualmente el carbón en los países de la OCDE para 2030, y en todos los demás para 2040.

De eliminar gradualmente la financiación de los combustibles fósiles, empezando por la financiación del carbón en el extranjero.

De poner fin a los subsidios a los combustibles fósiles.

De trasladar la carga fiscal de los ingresos al carbono, y de los contribuyentes a los contaminadores.

De hacer obligatoria la divulgación de los riesgos financieros relacionados con el clima.

De integrar la neutralidad en carbono en todas las políticas y decisiones económicas y fiscales.

Y de promover, financiar e implementar planes de transición equitativos.

 

Excelencias,

Los pequeños Estados insulares en desarrollo del mundo merecen una solidaridad especial.

Algunos se enfrentan a una amenaza existencial: podríamos ser testigos de la desaparición de sus territorios.

No debemos permitir que ningún Estado Miembro se vea obligado a arriar su bandera por un problema que tenemos los medios para solucionar.

La COP26 en noviembre será un momento decisivo para la acción climática.

La Conferencia de las Partes COP15 sobre la biodiversidad es una oportunidad para detener la crisis de extinción a través de un nuevo marco de diversidad biológica posterior a 2020.

No olvidemos que el 75 % de las enfermedades infecciosas humanas nuevas o emergentes son zoonóticas.

El diálogo de alto nivel sobre energía de este año propondrá soluciones para la transición a las energías renovables y la expansión del acceso a la energía.

Mientras nos preparamos para la Conferencia sobre los Océanos en Portugal, el mundo debe acelerar la adopción de medidas que permitan detener la sobrepesca, reducir drásticamente la contaminación, incluidos los plásticos, y promover la economía azul.

La Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios y la Conferencia Mundial sobre el Transporte Sostenible pueden transformar estos sectores vitales.

2021 también será decisivo para hacer avanzar la Nueva Agenda Urbana.

Reconciliarse con la naturaleza es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra cuarta prioridad es hacer frente a la pandemia de la pobreza y la desigualdad.

Más del 70 % de la población mundial experimenta una desigualdad de riqueza cada vez mayor.

Pero la riqueza no es la única medida.

En la vida, las oportunidades dependen, entre otros factores, del género, la raza, el origen étnico o familiar o el hecho de tener o no discapacidad.

Estas injusticias se alimentan mutuamente, hacen que la gente pierda la confianza en los Gobiernos e instituciones y resuenan a lo largo de generaciones.

La pandemia ha empeorado la situación.

Lo vemos en la forma en que la COVID-19 se ha cebado con las personas vulnerables y marginadas.

El informe publicado esta misma semana por Oxfam reveló que con solo con lo que había aumentado la riqueza de los diez hombres más ricos durante la crisis habría suficiente para evitar que nadie cayera en la pobreza a causa del virus y para pagar la vacunación contra el COVID-19 para todo el mundo.

Reitero mi llamamiento a concertar un Nuevo Contrato Social dentro de los países, para que todas las personas tengan perspectivas de futuro y disfruten de protección.

La educación y la tecnología digital deben ser los dos grandes factores de facilitación e igualdad.

Será fundamental introducir reformas en los mercados laborales y tomar medidas enérgicas contra la corrupción, los paraísos fiscales, el blanqueo de dinero y los flujos financieros ilícitos.

Las sociedades deben transformar el mundo de los cuidados.

La asistencia oficial para el desarrollo sigue siendo una tabla de salvación.

Es hora de corregir los errores del pasado y combatir las injusticias sistémicas de nuestro tiempo.

Cumplir nuestra promesa de no dejar a nadie atrás es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra quinta prioridad debe ser revertir el asalto a los derechos humanos.

Mucho antes de la pandemia, los derechos humanos ya eran objeto de crecientes presiones.

El estado de derecho estaba en peligro por la fragilidad de los sistemas judiciales.

Sistemas políticos represivos atentaban contra las libertades fundamentales.

Raras veces se rendían cuentas por la comisión de crímenes atroces.

Las mujeres, las niñas, las minorías y las personas LGBTI padecían una discriminación y una violencia crónicas.

De hecho, medidas como mi Llamamiento a la Acción en favor de los Derechos Humanos, el Plan de Acción para la Lucha contra el Discurso de Odio y la Iniciativa para Salvaguardar los Lugares Religiosos se pusieron en marcha antes de la COVID-19.

Hoy en día, la pandemia ha desencadenado su propia crisis de derechos humanos.

El discurso de odio se ha multiplicado.

Varios Estados han utilizado los confinamientos para limitar el espacio cívico y la labor de los periodistas y de quienes defienden los derechos humanos.

Y la enfermedad está teniendo un impacto desproporcionado en las minorías, las personas con discapacidad y las que sufren marginación.

Celebro el nuevo impulso que actualmente ha cobrado la lucha mundial por la justicia racial.

La desigualdad racial sigue impregnando las instituciones, las estructuras sociales y la vida cotidiana.

Es nuestro deber alzarnos contra el auge del neonazismo y la supremacía blanca.

Las Naciones Unidas nunca se apartarán de su compromiso de luchar contra el racismo y la discriminación.

No hay lugar para el racismo en nuestra Organización, y seguiremos trabajando para erradicarlo.

Promover y proteger plenamente todos los derechos humanos es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra sexta prioridad es quizás el mayor desafío en materia de derechos humanos al que se enfrenta el mundo: la igualdad de género.

La COVID-19 ha sacado a la luz lo que con demasiada frecuencia se pasa por alto.

Las mujeres son trabajadoras esenciales: cuidan de los demás y sostienen a las comunidades.

No obstante, las mujeres son las que se han visto más afectadas por la pérdida del empleo y más abocadas a la pobreza.

La pandemia también ha desencadenado una epidemia paralela de violencia de género: desde la violencia en el hogar y en línea hasta el aumento del matrimonio infantil y de la explotación sexual.

Sin embargo, las mujeres que ocupan posiciones de liderazgo han demostrado de lo que son capaces en la lucha contra la COVID-19.

Las mujeres dirigentes han conseguido mantener las tasas de prevalencia en los niveles más bajos, y los países que lideran están en vías de recuperación.

De hecho, la participación de las mujeres en pie de igualdad tiene una larga lista de efectos transformadores, que además no deja de aumentar.

Una mayor inversión en protección social.

Una gobernanza más transparente.

Procesos de paz más duraderos.

La igualdad de liderazgo y la representación equitativa de las mujeres es el golpe de timón que necesitamos.

Es hora de cambiar las viejas estructuras y abandonar los modelos caducos. Si la economía formal funciona, es solo porque está subvencionada por el trabajo de cuidados no remunerado que realizan las mujeres.

La inversión en la economía de los cuidados podría suponer un estímulo para el crecimiento económico y la recuperación de la pandemia.

Es hora de adoptar medidas más contundentes y específicas para acabar con los planteamientos y actitudes que privan a las mujeres de sus derechos.

No más medias tintas.

Lograr la igualdad de género es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra séptima prioridad para el año debe ser superar las divisiones geopolíticas y encontrar un terreno común.

Para hacer frente a las amenazas a la paz y la seguridad que nos acucian hoy en día, tenemos que encontrar un camino de vuelta al sentido común.

Necesitamos un Consejo de Seguridad unido.

Y tenemos que evitar una gran fractura que divida al mundo en dos: por el contrario, debemos trabajar para lograr una única economía mundial, una Internet segura y abierta, la ciberseguridad, y el respeto al derecho internacional y a unas normas que sean fruto del acuerdo común y se acepten de forma general.

Las disfunciones en las relaciones entre las grandes potencias dejan margen para los elementos perturbadores.

Y los elementos perturbadores desencadenan y prolongan los conflictos.

No podemos resolver nuestros grandes problemas cuando nuestras grandes potencias no se ponen de acuerdo.

En las primeras semanas de la pandemia, pedí un alto el fuego mundial para concentrarse en el enemigo al que se enfrentan todos los países.

Hemos visto algunas señales alentadoras, y se ha dado un nuevo soplo de vida a procesos de paz que estaban en situación precaria.

En varios lugares se han decretado medidas de alto el fuego y pausas en las hostilidades que se mantienen en diverso grado: desde Libia y Ucrania hasta Siria y el Sudán, pasando por Nagorno Karabaj y Sudán del Sur.

Pero en otros lugares, continúan los enfrentamientos y han surgido nuevos conflictos.

En cuanto al Yemen, que está al borde de la hambruna, reitero mi llamamiento para que se alcance un alto el fuego a nivel nacional, se adopten medidas económicas y humanitarias de fomento de la confianza y se reanude un proceso político inclusivo.

En la República Centroafricana, condeno la creciente violencia de los grupos armados y exhorto a las autoridades recién elegidas a que trabajen por un diálogo pacífico e inclusivo y la reconciliación nacional.

En Malí, continúan los atentados de grupos extremistas, las violaciones de los derechos humanos y la violencia entre las distintas comunidades, en un contexto de complicados esfuerzos por restaurar el orden constitucional y aplicar el acuerdo de paz.

En el Afganistán, la violencia no cesa, aunque las negociaciones de paz dejan entrever la posibilidad de que se ponga fin a décadas de conflicto.

Ninguna de estas situaciones puede resolverse militarmente.

Insto a todos los Estados Miembros a que presionen a todas las partes implicadas para poner punto final a estas guerras sin sentido.

A través de sus labores de mediación y de las misiones políticas, las Naciones Unidas siguen explorando todas las posibilidades.

2021 debe ser el año en que reanudemos el proceso de paz en Oriente Medio y creemos las condiciones para una solución biestatal.

En el Sahel, el lago Chad, la República Democrática del Congo y Mozambique, constatamos que el terrorismo aumenta por la falta de arreglos de seguridad eficaces y la insuficiente capacidad para combatir las causas profundas de índole económica, climática y social.

Es hora de reconocer la necesidad de que las operaciones de imposición de la paz y lucha contra el terrorismo de África reciban un mandato del Consejo de Seguridad en virtud del Capítulo VII de la Carta y una financiación suficiente y previsible, que incluya la aportación de cuotas.

Nuestras operaciones de mantenimiento de la paz tienen el pleno compromiso de proteger a los civiles en situaciones de inestabilidad y prestan un apoyo vital a los procesos de paz.

Pero cada vez más operan en zonas donde no hay paz que mantener.

En lo que va de año, ya hay nueve miembros del personal de mantenimiento de la paz que han perdido la vida en incidentes hostiles.

Debemos velar por que cada misión de mantenimiento de la paz y cada uno de sus miembros disponga de todos los recursos y el equipo necesarios para cumplir su cometido.

Seguiremos implementando las reformas de la iniciativa Acción para el Mantenimiento de la Paz.

Necesitamos un alto el fuego global, pero también debemos intensificar nuestros esfuerzos para evitar que las crisis estallen.

La unión y la paz son posibles.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra octava prioridad debe ser reconstruir el régimen de desarme y no proliferación nuclear, que se está erosionando.

El viernes pasado entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

Exhorto a todos los Estados a que apoyen el objetivo de este Tratado.

A pesar de este acontecimiento positivo, el deterioro de las relaciones entre los Estados poseedores de armas nucleares debería ser motivo de alarma.

Insto a esos Estados a que encuentren un terreno común en la Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares que se celebrará este año.

Celebro la decisión de los Estados Unidos y la Federación de Rusia de prorrogar el Nuevo Tratado START por cinco años, el máximo plazo previsto en el acuerdo, lo que permitirá tener tiempo para negociar nuevas reducciones.

Un mundo sin armas nucleares es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra novena prioridad debe ser aprovechar las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales, sin dejar de protegernos de los crecientes peligros que encierran.

Durante la pandemia, las tecnologías digitales han permitido que las sociedades sigan funcionando y las personas se mantengan conectadas.

Pero la pandemia también ha dejado al descubierto una enorme brecha en el acceso a esas herramientas, incluida la existencia de grandes disparidades de género.

El mundo entró en la era digital hace décadas, pero sigue existiendo un desafío fundamental: superar la brecha digital.

Nuestro objetivo es que todo el mundo, en cualquier lugar, tenga un acceso asequible, efectivo y seguro a Internet de aquí a 2030 y que todas las escuelas del mundo estén en línea lo antes posible.

Necesitamos reforzar la ciberseguridad y promover un comportamiento responsable en esta esfera.

Necesitamos un alto el fuego en el ciberespacio, entre otras cosas para poner fin a los ciberataques contra la infraestructura vital.

Debemos combatir la propagación digital del odio, la explotación y la desinformación.

Y tenemos que resolver la cuestión de cómo se usan nuestros datos.

Gran parte de la información que se recopila sobre las personas se utiliza con fines positivos.

Pero cada vez más, la gente exige que su opinión se tenga más en cuenta en lo que respecta al modo en que se usan los datos, en particular para influir y controlar los comportamientos.

También es cada vez más alarmante cómo los Gobiernos pueden explotar los datos para violar los derechos humanos de personas o de grupos específicos.

Debemos reunir a todas las partes interesadas para examinar estas prácticas y modelos de explotación, y encontrar una senda para avanzar que no atente contra la privacidad o la dignidad.

Es necesario proseguir los esfuerzos para definir normas internacionales y regímenes fiscales apropiados.

La importancia de cómo manejamos los datos no hará sino aumentar con la rápida difusión de la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial ha hecho que surjan grandes posibilidades.

Pero los datos sesgados pueden conducir a sesgos peligrosos en las aplicaciones.

Y los seres humanos deben seguir teniendo el control.

Insisto en mi llamamiento a favor de la prohibición de las armas autónomas letales.

El año pasado puse en marcha la Hoja de Ruta para la Cooperación Digital.

Durante el año próximo, seguiré adoptando medidas para implementarla, entre otras cosas mediante el fortalecimiento del Foro para la Gobernanza de Internet.

Acojo con agrado la intención del Presidente de la Asamblea General de celebrar un debate sobre la cooperación digital en abril.

Un futuro digital abierto, libre y seguro es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Nuestra décima prioridad debe ser un reajuste para el siglo XXI.

Es necesario reforzar y repensar nuestra gobernanza del patrimonio mundial esencial, que no es solo la salud pública, sino también la paz y nuestro medio natural.

La Asamblea General ha reconocido la importancia fundamental de este momento.

En su declaración con motivo del 75º aniversario de las Naciones Unidas, la Asamblea me exhortó a que formulara recomendaciones para promover nuestra agenda común.

Estoy totalmente inmerso en un proceso de reflexión profunda, que se apoya en las consultas globales del año pasado celebradas en el marco de la iniciativa ONU75.

Está claro que los desafíos a los que nos enfrentamos exigen un multilateralismo más inclusivo e interconectado.

También he pedido un Nuevo Pacto Mundial entre los países que haga posible una distribución más amplia y justa del poder, los beneficios y las oportunidades.

Los países en desarrollo merecen que se les permita opinar más en la toma de decisiones a nivel mundial.

Los jóvenes también deben participar en la adopción de decisiones: para construir su propio futuro en lugar de ser meros destinatarios de las decisiones de sus mayores, los cuales, para ser sinceros, les han defraudado en no pocas cuestiones importantes.

Mi informe de septiembre debe considerarse como el comienzo de este reajuste.

Fortalecer la gobernanza global para proporcionar bienes públicos mundiales es posible.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

 

Excelencias,

Con su apoyo, hemos tomado medidas importantes para fortalecer nuestras Naciones Unidas.

La pandemia ha sido la primera gran prueba de estas reformas, y agradezco sus comentarios que indican que estos cambios han mejorado nuestra labor.

Tengo la firme voluntad de proseguir este esfuerzo.

Se nos ha brindado la oportunidad de la forma más desafortunada.

Pero toda crisis desencadena un cambio.

Podemos dejar atrás un annus horribilis para hacer del presente un annus possibilitatis: un año de posibilidades y esperanza.

Es posible construir el mundo que queremos.

Debemos conseguirlo. Desde la unidad.

Muchas gracias.

Discurso por
Autor
António Guterres
Secretario General de Naciones Unidas
ONU
Entidades de la ONU involucradas en esta iniciativa
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Oficina del/de la Coordinador/a Residente